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El té matcha es tendencia en todo el mundo y está desplazando al café.

Matcha… de nuevo el té matcha.

La demanda de Té Matcha se ha disparado en el todo el mundo hasta triplicar la importación.

Este año ha sido el temazo, junto con la proteína, he escrito cuatro veces sobre este producto así que seguro que saldrá en mi wrapped (si tienes Spotify lo entenderás) como el Nº 1. Y no es para menos, casi semana a semana, las noticias sobre el matcha se multiplican aunque no sé si para bien.

Los datos son abrumadores. Las exportaciones de este polvo verde se han triplicado desde 2010 y a día de hoy el crecimiento es de un +250% respecto a 2024. Esto no hay mercado que lo aguante. Aunque es el matcha de menor calidad el que manda en el mercado. Menos de la mitad corresponde a una calidad premium y ya no digamos ceremonial donde su presencia es mínima.

Así que con estos datos y otros que me guardo todo apunta a que la cosa va a acabar mal. Las cadenas de suministro están tensionadas y son tan frágiles que en cualquier momento podrían romperse. De hecho ya lo están haciendo. Este desequilibrio está provocando que lo que llega al mercado es un matcha tradicional de grado culinario (a veces ni eso) muy alejado de la calidad top que se espera del matcha. Mucha demanda y muy poca oferta, toca «adulterar» es decir, mezclarlo con té verde en el mejor de los casos u otras mezclas de menor calidad.

De seguir así y todo apunta a que sí, el matcha morirá de éxito. El consumidor no tardará en percatarse de que lo que está consumiendo no es lo que esperaba: color verde apagado o incluso marrón, sabor terroso… y con un precio que no está justificado.

Y no sé por qué todo esto me recuerda a esa canción de los Buggles, «Video killed the radio star». Vamos por el camino.

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