La sidra encaja perfectamente con los actuales estilos de vida
El mercado de las bebidas de baja graduación alcohólica o directamente SIN, está en plena efervescencia. Se mueve. Pero parece ser que tan sólo para la cerveza, el vino y ciertos destilados. Y, ¿Qué pasa con la sidra?
Europa sigue siendo, con diferencia, el gran mercado para esta bebida. Y no hablamos de una categoría emergente, la sidra es tan antigua como la misma humanidad. Nuestro continente se bebe prácticamente el 50% de toda la sidra a nivel mundial siendo Reino Unido y Francia los países con un mayor mercado. España, es el cuarto país de Europa en producción pero… a la cola en consumo donde prácticamente se centra en Galicia, Asturias y País Vasco. En el resto de nuestro territorio ni se le ve, ni se le espera.
Y con este panorama, si no llegamos al cliente final con una sidra de las digamos, tradicionales imagínate hacerlo con una SIN. Algo que no se acaba de entender del todo. La sidra lo tiene todo y al igual que la cerveza se presta a mil y un formatos e innovaciones varias. ¿Entonces?
De nuevo los Millenials y los Z podrían tener la llave que abriera las puertas de par en par a la sidra. Para los más jóvenes, esta bebida es una excelente alternativa a la cerveza. Tiene menor graduación y se percibe como «natural». Sus formatos en botellín o lata también juegan a su favor. Pero… culturalmente se asocia la sidra al escanciado y a un ritual poco adaptado al consumo casual o urbano. La sidra apenas está desarrollada como categoría moderna en nuestro país. Y aquí se abre un mundo de posibilidades.
Toca reformatear la sidra. Convertirla en una soft drink, sin tanto ritual ni tanta historia, hacerlo fácil de entender. Tal y como está pasando con la kombucha o con el tinto de verano. Formatos amigables con los nuevos estilos de vida (lata o botella pequeña). Sabores actuales pero sin perder la esencia. Y con poco o NADA de alcohol.

