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Una startup norteamericana desarrolla una fibra textil a base de celulosa cultivada en laboratorio

Fibras textiles a partir de… CO2.

Una fibra similar al Lyocell y que ya despierta el interés de empresas como H&M

Son varias las veces que he hablado del dióxido de carbono (y otros gases) para la producción de alimentos mediante una técnica de fermentación aeróbica. El proceso es real y está en marcha gracias a diferentes startups. ¿Y si esta técnica también fuera posible para la producción de fibras textiles?

Pues esto es lo que ha logrado la startup norteamericana Rubi Laboratories con Neeka Mashouf como cofundadora. Aunque su proceso difiere un poco de la fermentación bacteriana para la producción de alimentos. Mientras que startups como Savor y otras utilizan bacterias vivas, en el caso de Rubi, utilizan enzimas (proteínas no vivas procedentes de las bacterias).

La producción de fibras textiles más o menos naturales no es algo nuevo. Actualmente en el mercado tenemos el Lyocell una fibra de celulosa extraída del eucalipto. Pero lo que nos ofrece Rubi es algo completamente diferente y mucho más sostenible. La producción de esta celulosa sin necesidad de ningún árbol.

La manipulación de enzimas para usos industriales está muy desarrollada pero el enfoque que ofrece esta startup es completamente nuevo, disruptivo. Colocan dichas enzimas en una solución acuosa dentro de un biorreactor, al añadir CO2 aparece celulosa en cuestión de minutos.

La fibra textil de Rubi ya ha sido testada en pruebas piloto con 15 socios entre los que se encuentran firmas como H&M, Patagonia o Walmart.

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