Identificadas 10 cepas de levadura específicas para la elaboración de proteínas alternativas… y desde España.

Identificadas nuevas cepas de levaduras aptas para la elaboración de proteínas vegetales.
Imagen de Enrique Rodríguez

Enrique Rodríguez

CEO Coda Innovation Studio - creador del podcast The Rebel.


Levaduras específicas para la elaboración de alimentos y bebidas vegetales con alta funcionalidad.

Llevo tiempo escuchando la misma cantinela: «Europa se queda atrás en innovación F&B» con el cansino ejemplo de la botellita y el tapón… y los datos, la verdad, no lo confirman del todo. En 2025, Norteamérica y Europa siguieron liderando el mercado global, mientras Asia-Pacífico crecía más rápido en volumen pero no necesariamente en sofisticación tecnológica. Son cosas distintas, y conviene no mezclarlas.

Lo que sí es cierto es que jugamos a «deportes» diferentes. Estados Unidos apuesta fuerte por proteínas alternativas y bebidas funcionales con un ritmo de lanzamientos brutal. Asia, con China e India a la cabeza, mueven el mercado por pura escala de población y un ecosistema digital que aquí ni nos planteamos. Europa, mientras tanto, compite en otro terreno: regulación alimentaria, fermentación de precisión, y una industria alemana que sigue siendo referencia en automatización y procesado. No es la carrera más ruidosa, pero es la que marca el estándar que luego todos acaban copiando.

Pues bien, adonde quería yo llegar, Investigadores de la Universidad de Castilla La Mancha han identificado 10 cepas de levadura especialmente aptas para proteínas alternativas, tras cribar 27 candidatas y publicar los resultados en Food Bioscience. La levadura lleva décadas usándose en fermentación y como ingrediente de sabor, pero como fuente de proteína estructural para análogos cárnicos y lácteos está mucho menos explorada… y aquí está la oportunidad.

La levadura se cultiva con muchísima menos tierra, agua y tiempo que la soja o el guisante, y además ofrece un perfil de aminoácidos más completo que buena parte de las proteínas vegetales, que suelen cojear en algún aminoácido esencial. Las cepas seleccionadas alcanzaron un 69% de proteína, muy por encima del 45-56% habitual en otras levaduras, porque el equipo priorizó desde el principio las cepas con más proteína.

Pero proteína no es lo único que importa. La capacidad de retener agua y ligar grasa es lo que determina la textura, la jugosidad y cómo se comporta el producto durante la cocción, y en eso la biomasa de levadura estuvo a la altura o por encima de las proteínas vegetales convencionales. Eso es lo que la hace válida para análogos cárnicos y horneados, no solo como aditivo nutricional. Como beneficio extra, la mayoría de las cepas mostraron capacidad para reducir el colesterol, y algunas incluso llegaron a producir una enzima que ayuda a digerir la lactosa… aunque el calor del procesado industrial mata las células vivas y desactiva parte de esas funciones. Aun así, los investigadores apuntan que la levadura inactivada conserva beneficios a través de las paredes celulares y compuestos liberados, que sí sobreviven a la cocción.

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