Cada vez abren en nuestro país más pizzerías artesanas.
Y no, casi no te voy a hablar de producto, si no de concepto. Todavía es pronto para ver adonde nos lleva esta sobre exposición de hamburguesas por Europa adelante, donde un producto sencillo (de humilde nada) ha superado la categoría de Fast Food para convertirse en otra cosa. Es posible que ya hayamos comenzado con la burbuja, no hay sitio para tanta hamburguesa «de autor».
Y a la sombra de este resurgir del food casual comienza a alzarse en el horizonte otra opción que ya está dando caña pero que todo apunta a que va a dar mucha más. Las pizzas. Las pizzas gourmet (odio esta palabra), pizzas de autor (esta palabra la odio aún más) o las pizzas artesanas (esta sí que sí).
Mientras suenan truenos y relámpagos sobre los grandes actores del sector, Pizza Hut, TelePizza, Domino´s… donde se suceden los cierres, ajustes de plantilla, etc. otro concepto comienza a alzarse como favorito. Esto de la pizza artesana va de otra cosa. Ingredientes frescos y de buena calidad, hornos tradicionales y/o de leña; se lleva la masa madre y la fermentación lenta y un largo etcétera.
Los que peinamos canas como un servidor asocia la pizza a momentos de ocio en la cena (partido de fútbol sobre todo) pero los Millenials y Z´s lo ven de otra forma. La pizza es para comer en cualquier momento, a media mañana, merienda o cuando apetezca. Nada de masas congeladas con toppings de bote y si hay que pagar más, se paga.
Cosas ricas y bonitas se están cociendo con embajadores de la talla de Sartoria Panatieri en Barcelona, Baldoria en Madrid, Demaio en Bilbao o Napolit en A Coruña.
