El sabor y aroma del café depende de muchos factores, entre ellos, el fermentado.
Yo con leche, por favor. Y a estas horas de la mañana aún más, aunque, tú sabes ¿lo qué estas bebiendo? En una taza de café, ya sea de especialidad, de tu marca de siempre o del supermercado hay mucho, pero mucho más.
Desde la planta, el cafeto a tu taza hay muchos pasos intermedios, uno de ellos es la fermentación. Un proceso complejo pero muy importante que aporta diferentes propiedades al grano. Para resumir, el método de fermentación puede ser lavado, natural o honey y la elección de uno u otro da lugar a un café con resultados y perfiles completamente diferentes. A estos tres métodos hay que añadir uno más, el procesado experimental y es del que te quiero hoy hablar.
Con el fin de acceder a nichos de mercado, aportar mayor valor (y por ende poder ofrecer precios más elevados en el mercado) en los últimos años se han popularizado, entre los productores experimentar con los granos de café. Uno de estos «nuevos» métodos es fermentar el café verde con ingredientes, normalmente naturales, como son frutas y especias. El fin último es ofrecer perfiles aromáticos y de sabor muy diferentes y así lograr una importante diferenciación.
Por otro lado están los cafés aromatizados o infusionados que buscan perfiles de sabor mucho más intensos y exóticos. Estos se logran gracias a la fermentación del café verde con infusiones de frutas, aceites esenciales o directamente saborizantes artificiales. Esto tiene un perfil más comercial especialmente en países como EEUU o Asia pero está muy alejado de lo que hoy conocemos como café de especialidad.
