El café de especialidad es un fenómeno que llegó tarde a España y de golpe además.
Llevo ya algún tiempo queriendo escribir sobre mi segunda bebida favorita (después del vino), el café y hacerlo desde un punto de vista crítico. Originalmente el post, que iba a ser un artículo algo más amplio iba a llamarse: «No cabe un café de especialidad más» pero vista la ralentización o mejor dicho, la racionalización del sector mejor voy con otra cosa.
Es un lujo y un orgullo observar como algunas cafeterías españolas aparecen en los ranking europeos de «The best 100» y eso que lo del «café de especialidad» es algo que en España, llegó tarde y de golpe. Según World Coffee Portal a día de hoy contamos con 2.215 marcas de café «de especialidad» (cadenas incluidas), una auténtica barbaridad, un 3% más que hace apenas un año, y somos el séptimo mercado europeo por delante de Polonia, aunque el ritmo se viene frenando desde 2022 en torno a un 4,5%. La especialidad es lo que tira: más de dos tercios de los operadores consultados la ponen como principal tendencia del consumidor, por delante de las redes sociales y del precio.
Con tantas marcas y aperturas aparecidas en tan poco tiempo, cuesta creer que todas compren cafés distintos. Y de hecho yo no me lo creo. El café es una montaña rusa de precios (la FAO habló de una subida de casi el 40% en 2024 por problemas de oferta) y diferenciarse es una de las pocas palancas que le quedan al productor. Según un estudio del International Institute for Sustainable Development, más del 40% de los compradores dice que los factores éticos o medioambientales influyen en lo que compra. Si el cliente pide una historia, el productor la suministra o pierde la venta. Sea verídica o no.
Así que un mismo lote de café puede venderse a una nueva marca emergente, a un tostador habitual, a un café liderado por mujeres y como agricultura regenerativa, sin cambiar ni de finca ni de granos. Y no lo digo yo, lo dice Sarah Charles de Barista Magazine. Algunos tostadores e importadores compran los mismos cafés a los mismos productores y luego los presentan como únicos.




