El azúcar, los tratamientos antiobesidad o la proteína han acaparado el pasado 2025 todos los titulares.
El año 2025 fue un año en el que nos hemos preocupado sobre cuestiones como los microplásticos, los tratamientos contra la obesidad, la proteína, el azúcar… y otros asuntos de igual (o incluso más) importancia han caído en el olvido. Uno de ellos es el del aceite de palma.
Creo que a día de hoy no es necesario añadir nada más en cuanto al aceite de palma. Mucho se ha escrito ya en cuanto al desastre ecológico que supone la explotación salvaje de este tipo de cultivo. Pero, ¿Qué estamos haciendo al respecto? N A D A.
Este aceite sigue suponiendo el 35% del mercado mundial del aceite y mientras Europa sigue con su propia película, países como India, Indonesia, China y también EEUU consumen y mucho este aceite de palma. Mientras que en 2023, año en el que se protagonizaron grandes campañas y movimientos en contra de este aceite, se disminuyó hasta en casi un 20% su consumo, el año 2025 fue una año casi de récord para este mercado. Un mercado valorado actualmente en casi $80.000 millones y que se prevé que siga creciendo a razón de un +4% anual (datos de Fortune Business Insights).
Y no será por falta de alternativas. Por un lado la fermentación de precisión viene en nuestra ayuda con toda una serie de aceites análogos al de palma, con propiedades que incluso lo superan. La macaúba, una palmera aceitera de origen brasileño que también se muestra como sustituto viable y que presenta menos problemas medioambientales o el Palm-Alt un nuevo aceite vegetal desarrollado por la Universidad de Edimburgo elaborado con aceite de colza y fibras vegetales con un 89% menos de grasas saturadas.
Y no son los únicos posibles sustitutos al aceite de palma. Pero todos tienen un problema que hace que sean mucho menos atractivos. ¿Adivinas?
