La creatina es un componente que lleva décadas en el gimnasio pero que ahora da el salto al consumidor habitual
No es la primera vez que hablo de este compuesto y tampoco será la última, seguro. Hasta hace no mucho, hablar de creatina era hablar de gente que se machacaba en el gimnasio, con músculos prominentes y pegados a un bidón con un batido de proteína. Hoy el perfil de consumidores de creatina ha cambiado radicalmente. Mujeres, personas mayores, gente interesada en mejorar su salud cognitiva y aumentar sus niveles de energía… en definitiva, un perfil de personas que no tienen intención ninguna de pisar una sala de pesas.
La creatina monohidrato era hasta hace poco polvo en sobres o cápsulas, con dos problemas bastante conocidos en su formulación, se degradaba con el calor y su solubilidad era bastante mala en agua. Actualmente varios proveedores llevan tiempo trabajando en soluciones a esto, y el resultado es la creatina encapsulada que aguanta el procesado a ultra alta temperatura, versiones de alta pureza diseñadas específicamente para nuevos formatos y productos que mantienen hasta un 80% de solubilidad después de doce meses parados y encerrados en una estantería de la cocina.
Según datos de SPINS, firma de datos e inteligencia de mercado especializada en el sector orgánico, natural y productos para la salud, la creatina crece un 44% interanual, algo difícil de ignorar. El crecimiento de uso en mujeres y adultos mayores ha sido especialmente relevante para que esto no parezca solo una moda que acaba de salir del gym. A veces los ingredientes que llevan décadas en el mercado son los que mejor se posicionan cuando el contexto cambia.
Ahora mismo en el mercado hay bastante movimiento y comienzan a verse productos con creatina pensados para gente como tú y como yo. Barritas con 5 gr. de creatina y 20 gr. de proteína, bebidas RTD que combinan creatina con electrolitos y vitamina B, café instantáneo con creatina y MCT (trigliceridos de cadena media)… Y esto sólo es el principio.




