Está a punto de llegar una gran variedad de productos ricos en fibra.
Solamente tienes que acercarte a un supermercado y comprobar por ti mismo la invasión de productos proteicos en los lineales. Y no hablo sólo de lácteos. Ya casi no existe ninguna categoría que no haya sido «bendecida» con el don de la proteína. ¿Qué será lo siguiente?
En mi opinión, se van a solapar dos de las tendencias más actuales: La proteína que seguirá siendo el temazo, la «canción del verano» y por otro la salud digestiva, que hace tiempo que apunta como uno de los segmentos de mayor crecimiento en los próximos años. Sin embargo existen enormes diferencias entre ambas corrientes.
La proteína es consumida fundamentalmente por personas más jóvenes, de nuevo la Generación Z y Millenials marcan el ritmo. Un mercado que mueve, tan sólo en España, 350€ millones (datos de 2024) y con crecimiento de más de un 5% de aquí a 2030. La fibra por otro lado se asocia a personas menos jóvenes y, de forma equivocada, personas que van poco al WC.
Y aquí es donde se presenta la oportunidad. Esa avalancha de productos prebióticos que ya vienen son ricos en fibra, pero casi nadie lo sabe. La fibra es el alimento de nuestra microbiota, esa comunidad de millones de bacterias que viven en nuestro organismo pero especialmente en nuestro sistema digestivo. La comunicación es C L A V E.
Si queremos que los alimentos y bebidas ricos en fibra tengan el mismo éxito que los proteicos se hace necesaria una labor de comunicación clara. Especialmente a Millenials y Z´s que se apuntan a dietas pobres en carbohidratos y que creen que la fibra es únicamente para ir al baño.
Bebidas como refrescos prebióticos se presentan como abanderados de esta nueva tendencia pero no debemos olvidar la importancia de los lácteos, los grandes olvidados por los más jóvenes.
La fibra viene y es para todos.
