La proteína se lleva todo el protagonismo en lanzamientos pero el Omega-3 sigue siendo el suplemento estrella.
Mientras media industria compite por meter 20 gr. de proteína hasta en los Doritos, el Omega-3 crece sin hacer ruido, y no poco: según Markets and Markets, pasará de los $4.880 millones de este año a los $8.730 millones en 2031, un 12,3% anual.
¿Eclipsado por la proteína? Por el ruido que hace, sin duda. Kerry la define ya como un requisito de diseño, algo casi imprescindible en cada nuevo producto. Tan sólo en EEUU los productos con claim de proteína crecen por encima del 7% anual, frente a un dígito bajo de los que no lo llevan. Pero el Omega-3 juega en otra liga, la de las cápsulas (un 44,5% del mercado según Coherent Market Insights) y los ingredientes, donde sí hay novedades: La francesa FermentaLG lanzó en mayo un aceite de microalgas con un 40% de EPA y un 20% de DHA sin concentrarlo, y GC Rieber presentó en febrero otro suplemento vegano en forma de triglicérido.
Y entre tanto batido de proteína se nos olvida para qué sirven el EPA y el DHA. EFSA reconoce que un aporte de 250 mg diarios de EPA y DHA contribuyen a la función normal del corazón, y que 250 mg de DHA ayudan a mantener la función cerebral y la visión normales. Para los triglicéridos la cifra sube a 2 gramos. Para que os hagáis una idea, 250 mg son 0,25 gramos, ochenta veces menos que los 20 gramos de proteína de un batido cualquiera.
Mientras tanto, la proteína seguirá ocupando el lineal y el Omega-3, de momento, el armario del baño.


