De ser la marca de bebidas de mayor crecimiento de la historia a acumulársele los problemas.
Si te asomas a las RRSS verás que corren terabytes de opiniones y análisis acerca de lo que le está pasando a Prime, la bebida funcional/deportiva más viral, en su día. Se dice que su caso será de estudio en facultades y masters de todo el universo aunque en mi opinión dará tan sólo para un pequeño apartado en alguna escuela de marketing.





Hoy en Prime no saben por donde les están llegando los golpes. Caída de un 92% de su beneficio neto, denuncias varias por publicidad engañosa y por falsedad en declaración nutricional además de una preocupante demanda de Refresco, su embotellador, por $68 millones por incumplimiento de contrato. Estos asuntos ponen en serias dudas sobre la viabilidad y continuidad de cualquier empresa. Pero quizá no para Prime.
Las razones son muchas y para todos los gustos según el medio de comunicación que leas. Muy clara es la dependencia de la marca hacia la popularidad de sus creadores. ¿Quién va primero, Prime o Logan y KSI? Si este es su único valor añadido valdrá tanto como se mantengan en lo más alto de la popularidad sus dos fundadores. Otra razón es su ambiguo posicionamiento, ¿es una bebida funcional, deportiva…? ni una cosa ni la otra. Prime no ofrece una novedad al mercado más allá de su imagen. BodyArmor, Gatorade, Celsius… tienen un posicionamiento muy muy claro y dominan en el segmento.
Se puede hablar y de hecho se sigue hablando mucho sobre Prime pero todavía es pronto para cavar su tumba. La firma tiene acuerdos cerrados de patrocinio con el FC Barcelona, Bayern de Múnich y Los Angeles Dodgers así como colaboraciones en ediciones limitadas como la de Peso Pluma en México que se están vendiendo muy bien. Prime se enfrenta no sólo a una crisis reputacional también a un enorme endeudamiento de más de $40 millones (en caja les queda menos de $1 millón), aún mayor si contamos el valor de la adquisición de su nueva planta embotelladora, Triani Canada Inc.
Habrá noticias en 2026.